Espacio Virtual del Medio Natural Indaliano,  su Cultura ,  Historia y Avatares            (Almería  - Mediterraneo Occidental)

 

 


 

 

25-10-2007

 

Yo la llamo Bastetania a esta amplia altiplanicie de Baza y sus tierras aledañas, pues tal fue el nombre con que antaño fuese conocida.

 Una fría y lluviosa mañana en este presente mes de Octubre me dirijí cruzando la Sierra de Filabres por la aldea de Laroya, hacia la antigua Macaela (hoy Macael); avanzando el altiplano entré en la mañana bastetana (de Baza) y desde allí me adentré como viajero (nunca como turista) en la comarca de Gor, para posteriormente arribar a la aldea serrana de “Las Juntas”.

 Donde Filabres pierde su dulce nombre, comienza justamente el “no menos dulce” topónimo de “Sierra de Baza”, y allí fue donde alcancé el objetivo final a mi periplo… una pequeña aldea que me hizo recobrar el verdadero sentido de la existencia, una aldea donde “pueblo, gentes y entorno” viven al unísono, donde hombre y naturaleza se funden en un solo ser.

 Caida la noche entré a la aldea de Las Juntas, y a la luz tenue de cuatro farolas, rota sólo por el silencio absoluto de la oscuridad, me hallé en la puerta de una taberna… la única en muchas leguas a la redonda… allí, en la penumbra enturbiada unicamente por un televisor al que no llegaba más de “media señal”… estaba tumbado en su butaca Antonio, mi mesonero… quien _aunque cansado_, raudo se puso en pie para atenderme; fue aquélla una cena frugal, mas con abundantes condumios regados de buen vino tinto artesano… que finalicé con excelente pacharán casero de la tierra, fabricado con los frutos de estas montañas y por las manos recias del hombre.

 Una vez alojado en el que sería mi efímero aposento, y tras largas horas de plática gentil y amable , así como de cordial trato… puse pie hacia mi fría estancia, donde el más absoluto de los silencios sólo se rompió con el canto de la “alcornochuela” y el dulce sonido del agua en la acequia que corría bajo la alameda cercana.

 Para una persona rota por la vida urbana, estos momentos parten el corazón en un batir de latidos que asustan, pues lo único que escuchas en esta cercanía, es el propio latido de tu corazón sobre las sienes, así como sientes la “pequeñez” y a la vez “grandiosidad” de cuánto eres.

 La poca vida humana que pudiera existir en la noche de la aldea de Las Juntas se extenuó al cierre de la taberna y tan sólo yo y la noche conseguimos finalmente quedarnos a sólas y hacer las paces, unas paces rotas por el tiempo y el propio orgullo… tras el murmullo de las hojas crujiendo al son del viento frío de la noche de otoño.

 Antes de retirarme a mi estancia gozamos el mesonero y yo de dilatado rato de trovo (con buen alcohol regado), como no lo hubiera yo vivido desde mi primera juventud (la segunda me queda ya también lejana)… y es mi deseo transmitirles a Uds. con cariño uno de esos trovos que mi amigo Antonio, entre sollozo y lamento me cantó a ritmo de fandango, cuando a él le hubo llegado su turno:

  

“Con veinte duros se arregla

la vida de muchos niños

con veinte duros se arregla

y solo basta un segundo

para formar una guerra

y todos los bancos del mundo”.

  

Dedicado con el mayor de los aprecios a Antonio, mesonero de Las Juntas de Gor (Sierra de Baza) quien dio de comer y de dormir, además de llenar su alma… a este viajero tardío de principios del Siglo XXI en la era cristiana. Igualmente dedicado a las gentes de la Asociación PROYECTO SIERRA DE BAZA por su encomiable labor en defensa del patrimonio etnológico, cultural y ecológico de estas serranías granadinas.

 

“Si un hombre tiene tres viñas

y el tiempo le quita dos

que se conforme con una

y le dé gracias a dios”.

  

Tras una mirada comprometida entre los dos, rompimos finalmente filas y  la aldea  quedó en el más absoluto de los silencios hasta el alba, tan sólo roto por el ladrido del perro y el canto del gallo.

 Ahora, cuando estas lineas escribo desde mi claustro urbano, cuando el canto de la “alcornochuela” se ha tornado en rugido de motores, el murmullo del arroyo se ha convertido en sonido de sirenas y el susurrar del viento se hace ácido y maloliente… sólo me queda la esperanza de que estos lugares montañeses de la Sierra de Baza (donde Filabres pierde su dulce nombre) perseveren en su pureza por los siglos de los siglos.

 

PD: Antonio, mi mesonero, es padre adoptivo de dos niños hondureños (ver AMIGOS DE HONDURAS) a los que con no poco esfuerzo y sufrimiento ha sido capaz de regalarles una segunda oportunidad para vivir “simplemente como personas”.

 

 

Imágenes de la Sierra de Baza

           Fotografía: Jesús M. Contreras (Octubre 07)

 . Amanece en la Sierra .

El viejo álamo

. La escuela antigua de Las Juntas .

Las Juntas de Gor

 

  

     

     

 

 

 

        

 

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